CARLO MAGNO Y LOS ESTADOS PONTIFICIOS
Reciben la denominación de Estados Pontificios los territorios italianos sometidos a la soberanía temporal del Pontificado, que, entre diversos probremas contribuyeron, durante una época caracterizada por el enfrentamiento entre monarquías y naciones, a garantizar la independencia y autonomía espirituales de la sede romana.
Al producirse el derrumbamiento del Imperio romano de Occidente, la comunidad cristiana de Roma y su cabeza, el Papa, poseían amplios territorios extendidos por diversas regiones (Italia, Dalmacia, Galia meridional, África del norte) constituyendo el llamado Patrimonium Petri. Las riquezas extraídas de su utilización y la explotación de estos bienes eran considerados como patrimonio de los pobres y se destinaban primordialmente a obras asistenciales y benéficas y al sufragio de las necesidades del mantenimiento del culto y sus ministros.
Los territorios donados al Papado
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Sobre tal vasto conglomerado territorial el Papado no se irrogaba por aquel entonces ningún título ni atributo de soberanía política. Con el paso de los años, se rompieron los vínculos más o menos amistosos que unieron a Roma con los lombardos (habitantes de la península Itálica)
Surgieron entonces unas excelentes relaciones entre el Papado y la denominada con posterioridad monarquía carolingia, (el Papa Esteban II concedió a Pipino el Breve la dignidad de Patricius romanorum, por la que quedaba constituido en defensor de la Iglesia romana). El Papa solicitó a forzar a los lombardos la entrega de los territorios anexionados. Concluidas felizmente para las armas de Pipino las campañas emprendidas con tal fin, el monarca francés hizo entrega al Papado en el año 756, de las comarcas disputadas (el ducatus romanus, el exarcado y la Pentápolis). Con este acto nacieron los Estados Pontificios.
Los estados pontificios y el Imperio carolingio.
Al
vencer definitivamente a los lombardos y anexionarse su reino,
Carlomagno confirmó la donación hecha por su padre a Roma e incluso
amplió la extensión de sus dominios, aunque algo más tarde se retractara
de su decisión inicial y recortara considerablemente las dimensiones de
aquéllos.
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Temeroso el Papa León III de su posible expulsión de Roma por algunos clanes nobiliarios romanos, solicitó el socorro de Carlomagno. Éste llegó a Roma y en la Navidad del año 800, fue coronado como Emperador de Occidente por el Papa.

Pipino el Breve, rey de los francos, dona a Esteban III,mediante su legado, las provincias del Exarcade y de la Pentápolis que habían sido sustraídas a Astolfo, rey de los longobardos.
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Con esta actuación de León III se sentaron las bases de una peculiarísima situación, configurada por el reconocimiento del Papado al Imperio de la soberanía temporal (incluso sobre el Patrimonium Petri) y la decisión del Imperio de reconocer en la Iglesia la fuente de toda potestad y poder terrenos.